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¿Cómo se transmite el VIH?

Transmisión del VIH

La biología no es una ciencia exacta ni se puede hablar de riesgo cero, excepto que haya ausencia de relaciones sexuales. Sin embargo, sí que podemos tener presentes una serie de pautas que nos pueden ayudar a valorar si hemos tenido una práctica de riesgo para VIH (esta información no sirve para valorar el riesgo para otras infecciones de transmisión sexual, ITS, que pueden tener otros mecanismos).

¿Transmisión o contagio?

El VIH es un virus que puede transmitirse de una persona a otra a través de unas vías muy concretas y conocidas. Por este motivo no hablamos de contagio, ya que esta segunda palabra (además de estigmatizante) nos habla de infecciones que pueden transmitirse a terceras personas por cualquier vía, incluyendo las que se producen en la convivencia habitual. Esto es lo que sucedería con la gripe, por ejemplo, en el que compartir cubiertos podría bastar para que el virus pase de una persona a otra. Esto no ocurre con el VIH.

Por tanto, para que haya riesgo de transmisión de VIH se deben dar juntos tres elementos.

¿Qué tres factores deben coincidir?

Los representaremos en forma de triángulo.

  1. Presencia del virus.
  2. Fluido con capacidad de transmisión: sangre, semen, flujo vaginal y la leche materna (ordenados de mayor a menor capacidad de infectar). Si la persona tiene VIH, está tratada y tiene carga viral indetectable durante 6 meses, no tiene capacidad de infectar, aunque no usemos preservativo (Indetectable es Intransmisible I=I).
  3. Puerta de entrada: para que se produzca una infección, el virus tiene que entrar en el organismo y pasar al torrente sanguíneo. Eso lo hace a través de las heridas (o micro heridas) y las mucosas.

Para que el VIH se transmita de una persona a otra, en primer lugar, debe estar presente (el virus no surge de la nada). Y este suele ser el mayor interrogante ya que, en muchas ocasiones, desconocemos el estado serológico de la otra persona.

En segundo lugar, debe haber un fluido corporal en el que su concentración sea muy alta para que pueda producir la infección. Y, además, tiene que haber una puerta de entrada por donde el virus pueda penetrar en el torrente sanguíneo.

Si eliminamos cualquiera de las esquinas del triángulo, “rompemos” la cadena de transmisión. Por ejemplo: si usamos condón desde el inicio de la penetración, estamos poniendo una barrera entre las mucosas y eliminando posible contacto con fluidos infectivos (sangre, semen); si hay eyaculación en una piel sana, esa piel es barrera natural que impide que entre el virus…

Para que el VIH se transmita se necesita una cantidad mínima de virus (umbral). Por debajo de este umbral, el organismo consigue liberarse del virus y le impide instalarse. Si la persona tiene VIH, está tratada y tiene carga viral indetectable durante 6 meses, no tiene capacidad de infectar, aunque no usemos preservativo (Indetectable es Intransmisible I=I). Ya hemos dicho los fluidos en los que el virus está en concentraciones suficientes como para tener capacidad de transmisión.

Uno de los fluidos corporales que suele suscitar dudas en cuanto a su capacidad de transmisión es el líquido preseminal. No existe ningún caso documentado de transmisión de VIH por líquido preseminal, siempre hay implicado semen. La orina, la saliva, el sudor, las lágrimas… no tienen concentración suficiente de virus para tener capacidad para infectar.

Del mismo modo que el VIH tiene que estar presente en una concentración elevada para existir riesgo de transmisión, también es necesario que exista una vía de entrada en el organismo.

La piel que recubre nuestro cuerpo constituye una barrera natural que VIH no puede atravesar. Sin embargo, el virus puede entrar en el organismo:

  • A través de heridas abiertas o cualquier vía que conduzca directamente al torrente sanguíneo (por ejemplo, jeringuillas, etc.).
  • A través de las mucosas del organismo, especialmente la del tracto genital femenino, el pene o el ano.
  • A través de úlceras o llagas en la piel.

El tejido de la vagina y el recto, así como la parte interna del prepucio son las mucosas donde existe más probabilidad de transmisión del VIH. En el caso de la mucosa de la boca (a menos que haya encías sangrantes, úlceras, cortes o llagas) es más resistente a la infección que las otras mucosas mencionadas. Además, la saliva contiene enzimas que destruyen el virus y los fluidos generalmente permanecen menos tiempo en contacto con dicha mucosa (ya que se tragan o se escupen).

La parte interna del prepucio es una mucosa que está compuesta por una delgada capa de células, que carecen de un recubrimiento de queratina,  que sí está presente en el resto de la piel; por ello, es más vulnerable.

Además, en la parte interna del prepucio también puede encontrarse una elevada concentración de células susceptibles de ser infectadas por el VIH, lo que hace que el riesgo de transmisión sea mayor. La circuncisión produce la aparición de un tejido cicatrizado, con más contenido en queratina, lo que (junto con los cambios en la flora bacteriana) podría explicar el efecto protector de la circuncisión frente a la infección por VIH que se ha visto en diversos estudios. En algunos países de África se utiliza como estrategia de reducción de riesgos.

El tejido que conforma el tracto genital femenino (mucosa) está compuesto en su mayor parte por múltiples capas de epitelio estratificado, que suele ofrecer una buena barrera contra la mayoría de agentes infecciosos siempre que esté intacta y saludable. Sin embargo, en la zona del cuello del útero (el cérvix) la mucosa cuenta con una sola capa de tejido. Además, al igual que sucedía en el caso de la mucosa del pene, en esta zona hay muchas células inmunitarias, que constituyen el objetivo principal para el VIH (cosa que puede ayudar en la transmisión).

El ano está también recubierto por una mucosa. Sin embargo, se calcula que la mucosa rectal es hasta 40 veces más delgada que la vaginal y corre más riesgo de irritarse o sufrir micro abrasiones o micro heridas durante las relaciones sexuales, especialmente si no se lubrica adecuadamente. Por este motivo, el sexo anal sin protección implica un riesgo de transmisión del VIH muy superior al del sexo vaginal. Usar abundante lubricante es una estrategia de reducción de los riesgos.

La presencia de determinadas infecciones de transmisión sexual puede aumentar el riesgo de transmisión del VIH (especialmente las “ulcerosas”, es decir, aquellas que se manifiestan con una pequeña llaga o heridita como la sífilis o el herpes genital).

Cuando se tiene una infección de transmisión sexual, el organismo envía a las células del sistema inmunitario a la zona genital para intentar combatir la infección. Este mecanismo beneficioso frente las ITS, puede facilitar que se produzca la transmisión del VIH ya que esas células inmunitarias son las que necesita el VIH para instalarse y reproducirse.

El VIH es un virus que tiene muy poca capacidad de sobrevivir fuera del organismo (el tiempo en el que permanece “activo” depende mucho de la temperatura, humedad y del PH del medio). Por este motivo, es poco probable que el VIH se transmita fuera del organismo, aunque el tiempo transcurrido juega un papel clave (normalmente unos minutos).

En una gota de sangre seca, el VIH ha perdido completamente toda la capacidad de infección. Esto no significa que sea buena idea manipular este tipo de sustancias biológicas sin tomar precauciones, ya que hay otros virus que tienen mucha más capacidad de supervivencia (por ejemplo, el virus de la hepatitis C puede sobrevivir muchas horas en una gota de sangre seca).

 

Recuerda que:

Todos y todas tenemos derecho a decidir cómo vivimos nuestra salud sexual y qué decisiones tomamos para ello. Es parte de nuestra libertad.

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(Fuente foto: imagen del fondo extraída de https://medicinaysaludpublica.com/transmision-del-virus-del-vih/). 

José Carlos

José Carlos

José Carlos es Experto Profesional en Formación de mediadores para el apoyo a personas con VIH (UNED). Ponente en diversos congresos y jornadas nacionales sobre VIH, imparte charlas formativas en IES y organizaciones LGTBI+, colabora en la redacción de artículos sobre salud sexual en las revistas para el colectivo. Forma parte de la Red Nacional de Cibereducadores desde su inicio en 2015.

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