El Blog de Stop
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Acabemos con la discriminación

El 1 de marzo de cada año se conmemora el Día de la Cero Discriminación con el propósito de promover el fin de todas las formas de discriminación y celebrar el derecho de todas las personas a vivir una vida plena y productiva con dignidad.

Desde la Comisión de Acompañamiento Positivo de Stop queremos denunciar que las personas diagnosticadas de VIH seguimos viviendo situaciones de discriminación y violencia. La mejor estrategia que tenemos contra la discriminicación es señalarla y delegitimizarla, por eso en el siguiente artículo abordaremos las situaciones más comunes que nos encontramos de discriminación, de dónde viene y por qué se da.

Son muchas y variadas las discriminaciones y prejuicios que sufrimos las personas con VIH, tanto las que vienen de los demás, como las que vienen de nosotros mismos. Tantas, como caminos diferentes tiene cada uno de asimilar y aceptar su nueva serocondición. La aproximación que aquí presentamos, divide este camino en 3 etapas importantes y los estigmas y discriminaciones asociadas: Qué pensaba del VIH antes de vivir con él, qué necesité en el momento del diagnóstico y cómo lo afronté después.

Antes de vivir con el VIH, algunos de nosotros y nuestro entorno todavía asociábamos esta condición a la drogadicción, a la “mala vida” y a que terminaba significando una condena de muerte. Es curioso porque a la vez y generalmente, disponíamos de información con respecto a la condición de la indetectabilidad, sabíamos perfectamente ver que no estábamos en los años 80 y que el concepto VIH y SIDA son cosas muy diferentes. Estas incongruencias de pensamiento se explican, principalmente, gracias a la gran fortaleza del estigma en nuestras propias mentes, y ayuda mucho a no poder derribarlo el que este tema sea un tema tabú dentro de nuestro propio entorno marika. Yo hasta tener VIH no conocía a nadie con VIH, ahora los conozco a pares.

El momento del diagnóstico es, obviamente, donde comienza todo el proceso de asimilación y aceptación. Un aluvión de dudas, miedos y otros sentimientos inundan nuestra cabeza. Nos preguntamos acerca de nuestra calidad y esperanza de vida, de nuestra salud tanto física como mental, efectos secundarios de la medicación e incluso en algunos países, si tendré acceso a ella y la complicación que el circuito médico tendrá en nuestras rutinas. Pero sin duda, lo más impactante en ese momento es, por un lado, el sentimiento de culpa, y por otro, la necesidad de apoyo. El sentimiento de culpa es resultado de la construcción estigmatizante realizada durante los primeros años de la pandemia, al ser asociada a determinadas prácticas sexuales y a determinados grupos marginados, amenazando los valores, ideología y moralidad tradicional (Fuster y Molero, 2008). La obvia necesidad de apoyo y acompañamiento que surge en este momento se junta con el autoestigma y la posibilidad de ocultarlo, y hace que se produzcan grandes debates internos. ¿Me arriesgo y lo comparto o me lo guardo y sufro?

A partir de aquí comienza el camino de cómo afrontar la nueva condición, y que si todo sale bien, acabará con la aceptación. A casi todos nos cuesta aceptarlo por miedo al rechazo, el sentimiento de culpa (una vez más, siempre ahí presente), la sensación de haber fracasado, la vergüenza y el no sentirse preparado en general. Cada persona tendrá una necesidad específica para vivir tranquilamente y fuera de la mentira. Unos lo contarán a los cuatro vientos y otros a su entorno más cercano. Lo importante es vivirlo con tranquilidad y que no te tiemble el pulso y estés seguro cuando consideres que no quieres contarlo. No hay ninguna obligación moral ni legal de compartirlo con nadie, compartirlo con alguien es un regalo. Eso sí, como cualquier otro tema personal que cuentas de ti, siempre te ayudará a estrechar lazos con la otra persona y ganar confianza.

 

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Stop

Stop fue creada por voluntarios y voluntarias LGTB+ en 1986 para dar respuesta a la pandemia del VIH/Sida y en solidaridad con las personas con VIH. Promovemos los derechos sexuales, facilitamos el empoderamiento en el cuidado de la salud sexual desde y para la comunidad LGTB+ y de mujeres trans y hombres que ejercen el trabajo sexual, a través del consejo asistido (counselling), de la prevención positiva y de la reducción de daños y riesgos. Ofrecemos diferentes servicios en respuesta a las necesidades expresadas por la comunidad, con el apoyo de un equipo de técnicos en salud sexual. Nuestros valores se basan en el reconocimiento de la autonomía de la persona y su carácter único dentro de la diversidad social; el compromiso, la cooperación, la solidaridad, la no discriminación, la justicia y la democracia.

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