El Blog de Stop

Sobre la discriminación hacia personas que viven con VIH

La infección por VIH no solo afecta a nuestro propio estado de salud, sino a las relaciones sociales y culturales en el país donde residimos. Cuando pensamos en momentos de discriminación se nos vienen a la mente múltiples ejemplos. Muchos compartidos, otros específicos de la persona y su situación. En definitiva, el hecho de tener VIH sigue generando discriminación en nuestro entorno.

La primera discriminación que sentimos compartida ocurre al contar nuestro estado serológico. Los comentarios de nuestro entorno muchas veces nos responsabilizan de nuestra situación desde el juicio y la culpa. En algunas ocasiones nos recuerdan que lo que nos pasa es por ser gays (homofobia) y en otras por ser unos “inconscientes”. Mientras que en otras situaciones relacionadas con la salud observamos que no se repiten estos juicios. No se acostumbra a responsabilizar a una persona por sufrir una diabetes.

Esto nos hace sentir menos capaces de comunicar nuestro estado de salud por miedo al juicio.

Cuando adquirimos otra enfermedad, como por ejemplo la gripe, se activan mil alarmas en nuestro entorno. Desde la familia hasta los amigos que nos pronostican lo peor, pensando que es consecuencia del VIH. Hasta los centros de salud ordinarios algunas veces nos derivan a nuestros especialistas de VIH.

A veces simplemente tenemos una dermatitis o un catarro y queremos ser atendidos en las unidades específicas para estas situaciones y que no se nos discrimine por nuestra condición de tener VIH.

Estas actitudes nos hacen vivir en un continua situación de alerta en relación con nuestra salud y sentimos que no somos atendidos acerca de nuestra necesidad del momento, sino basándose en nuestro estado serológico.

Seguimos portando el estigma de la fragilidad de nuestra salud aunque tengamos una buena adherencia al tratamiento y, por ello, nuestra salud sea igual a la de cualquier otra persona de nuestro alrededor.

En los centros de salud no especializados podemos llegar a escuchar como el VIH es llamado Sida. Y esto no solo ocurre en centros de salud no especializados, sino también en entornos públicos e institucionales donde el personal debería estar formado correctamente en la terminología.

Cuando empezamos a generar vínculos emocionales con otras personas, ya sean amorosos o sexuales, podemos encontrar fácilmente situaciones de discriminación. Muchos nos culpan de nuestro seroestatus, algunos nos hacen “sentir como unos cerdos por lo que nos pasó” y otros se sienten “ofendidos” por no habérselo contado antes y nos responsabilizan de cualquier situación. Incluso si no les hemos expuesto a ninguna situación en la que se pudiera transmitir el VIH.

Encontramos mucha desinformación e información mal transmitida y mal entendida. Cosa que nos provoca muchas situaciones incómodas. Sobre todo cuando se está conociendo a alguien.

Otra discriminación compartida la encontramos en el ámbito laboral. No tanto en comentarios de los/las compañeros/as de trabajo, que normalmente no están al corriente de nuestro estado serológico.

Nos referimos al momento de tener que realizar las pruebas de control del virus. Ante el miedo a la pregunta “¿De qué son las pruebas?” algunas personas acabamos mintiendo y otras cogemos días libres. Estas situaciones nos hacen sentir vulnerables ante nuestros/as compañeros/as. Ya que tenemos que ser conscientes en todo momento de lo que hemos dicho o de lo que vamos a hacer. Lo que dificulta que nuestro derecho a vivir y gestionar nuestra salud de forma libre se vea asegurado.

“No es fácil hablar de VIH en primera persona” y creemos que esta es la primera discriminación que tenemos que afrontar. Nos faltan referentes positivos. No tenemos demasiados ejemplos de personas y sus experiencias con el VIH. Esto es tan necesario para las personas seropositivas como para las personas seronegativas. Ya que en el momento que hablemos de VIH sin miedo seremos capaces de acabar con todas las discriminaciones con las que convivimos.

Grupo de trabajo de VIH de Stop Sida

Fotografía de Luis Quintero @jibarox

Stop

Stop fue creada por voluntarios y voluntarias LGTB+ en 1986 para dar respuesta a la pandemia del VIH/Sida y en solidaridad con las personas con VIH. Promovemos los derechos sexuales, facilitamos el empoderamiento en el cuidado de la salud sexual desde y para la comunidad LGTB+ y de mujeres trans y hombres que ejercen el trabajo sexual, a través del consejo asistido (counselling), de la prevención positiva y de la reducción de daños y riesgos. Ofrecemos diferentes servicios en respuesta a las necesidades expresadas por la comunidad, con el apoyo de un equipo de técnicos en salud sexual. Nuestros valores se basan en el reconocimiento de la autonomía de la persona y su carácter único dentro de la diversidad social; el compromiso, la cooperación, la solidaridad, la no discriminación, la justicia y la democracia.

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